Fez, ciudad imperial

Hablar de Fez es entrar de lleno en la cultura más tradicional de Marruecos. Una ciudad medieval en pleno siglo XXI repleta de mezquitas, bazares, laberintos de callejuelas y rodeada de murallas permite crear la ilusión de vivir en otros tiempos.

Conocer Fez supone aprender a deambular por sus callejuelas para descubrir verdaderas maravillas arquitectónicas y también la auténtica vida de esta ciudad, que respira despacio porque, aunque se haya adaptado a la vida moderna, Fez ha sabido conservar sus tradiciones y su estilo de vida.

En sus calles se mezclan encantadores de serpientes, vendedores de alfombras y artistas callejeros. Por la calle de los Meriníes se encuentra la mellah, o antigua judería, donde todavía se pueden encontrar orfebres judíos.

En cualquier rincón se puede descubrir un palacio como el Dar Caid Bel hasen, el Dar Zuiten, el Dar Adiyel o el Dar Slaui, o se puede uno perder en los incontables zocos de la ciudad, como el zoco de la henna, especializado en cosméticos, o el zoco Jeld que es muy famoso por sus trabajos de cuero, y el zoco Haik donde se comercian telas y lanas.

Palacio Real de Fez

Resultan de interés también las Tumbas Meriníes situadas al norte de Fez el-Bali, la maravillosa vista que se disfruta desde la Colina El-Kolla con las 785 mezquitas de la ciudad, la Fortaleza Borj Norte que en la actualidad acoge un museo de armas.

Otros lugares imprescindibles para no perder de Fez podrían ser: la famosa Medina Fez El-Bali, centro espiritual y cultural de Marruecos; la Mezquita Qarawiyyin, una de las más impactantes de Marruecos donde se encuentra la universidad más antigua del mundo, que data del siglo IX. Frente a esta última se encuentra la madraza El-Attarine, que está considerada como la más bella de las medinas, con sus muros cubiertos de suras enculpidas en madera o yeso y los azulejos que cubren su fuente y columnas.

Universidad de Qarawiyyin

Madrasa Bou Inania

Fez es uno de esos sitios de los que se dice que debe visitarse al menos una vez en la vida. Visitando sus alrededores, los viajeros pueden pasar del bullicio de la ciudad al silencio de los parajes naturales que se deben recorrer sin prisas y dejándose llevar por la curiosidad y por los sentidos. De esta forma, se llega a la aldea de Imouzzer del Kandar, un pueblecito bereber con curiosas viviendas subterráneas y fuentes. Escalando el djebel Abad, un monte de 1.768 metros de altura se puede contemplar un fabuloso paisaje.

Al-Attarine_Madrasa

Es recomendable, para quienes desean conocer el verdadero Fez, realizar una excursión hasta las gargantas del Sebou, ya que desde sus numerosos miradores se pueden comtemplar hermosas vistas panorámicas de la ciudad, el Rif, el Medio Atlas y las propias gargantas.

 

Imágenes: Patrick Morin, China_Crisis, Zimaal, just_a_cheeseburger, Khonsali, Bjørn Christian Tørrissen

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *